En tiempos de cambio la educación no escapa a ello, sin embargo y a pesar de todas las innovaciones que se puedan adoptar en el ámbito escolar, el maestro no debe dejar de lado el fomento del aprendizaje y la creatividad del estudiante partiendo de sus recursos, de su contexto, de su realidad.
La situación social
económica y política de América latina nos muestra panoramas comunes, que si
bien es cierto limitan los accesos a los servicios educativos se debe motivar la
permanencia del estudiante evitando altas tasas de deserción.
La educación bajo
un modelo humanista puede ayudar y ampara la oportunidad de mostrar una cercanía
permanente con el estudiante, donde el maestro ofrezca la oportunidad de crecer
sin importar las limitaciones.
Motivar,
orientar, escuchar, flexibilizar, comprender, son muchas de las funciones que
el maestro asume por naturaleza, por lo tanto amplía el panorama en su
ejercicio profesional, rompiendo las fronteras del ser un poseedor del conocimiento.
Las capacidades
que el maestro logra desarrollar durante su vida profesional podrían condensarse
en dos aspectos:
-
Tacto pedagógico ejercer influencia en sus estudiantes
tomando decisiones acordes las situaciones particulares de sus estudiantes, brindando confianza pero
con exigencia y respeto.
-
Imaginación pedagógica; fe en estudiante, fe en su transformación
axiológica desde el ejercicio pensado en el optimismo
pedagógico.
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